El Eterno habló a Moshé (Moisés), diciendo: «Pero el día diez de este séptimo mes es el Día de la Expiación; habrá una santa convocación para vosotros y afligiréis vuestras almas; ofrendaréis una ofrenda de fuego a El Eterno. No haréis ningún trabajo en este día, pues es el Día de la Expiación, para procuraros expiación ante El Eterno, vuestro Dios. Pues toda alma que no se aflija en ese día será apartada de su pueblo. Y toda alma de entre su pueblo que hiciere cualquier trabajo en este día, Yo destruiré esa alma.
(Lev 23:26-30)