Hoy quiero compartir contigo un pensamiento de parte del Señor para ti. Deseo que sea de refrigerio y de mucha bendición para tu vida: Que el soplo de los vientos no te asuste. Estoy presente en medio de la tempestad, y en el momento adecuado la calmaré. Hablaré con ella, y con una sola palabra la reduciré al silencio. Cuando oigas el viento y el soplo de las borrascas, cuando sientas que el mar se levanta y las olas se desencadenan, ¡no temas! ¡Háblame!