La independencia se tiende a sentir como aspiración. En el fuero interno (aunque exista quién lo niegue) es un objetivo. ¿Recuerdas los esfuerzos de tus padres apoyándote en aquel momento en que dejaste de gatear? Es fácil haberlo olvidado por viejo o por obvio, pero su aspiración aquel día era que avanzaras por tus propios medios, que te sostuvieras, que pudieras dar por ti mismo el siguiente paso. Bueno, en aquella situación lo hicieron evidente y desde entonces cada acción, cada proyecto, cada inversión en ti se justificaba sin discursos. Todo lo necesario dentro de sus posibilidades puesto a tu servicio para que lo consiguieras. Eso, tu causa, tu razón, tu proyecto de vida, lo que te motivaba para llegar a ese estado latente de la independencia personal. Ni más ni menos que el poder hacer y deshacer por y para ti mismo con tu vida, aquí y ahora.