Si Dios es omnipotencia y omnisciencia, como dice el salmista: “Aquiétate y sabe que soy Dios” por qué a veces experimentamos impotencia y confusión? Sólo moviéndonos a la perspectiva mayor en nosotros, el Cristo morador, es que podemos tener acceso a toda esa riqueza de poder y sabiduría.